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Monday, December 04, 2006

Monarquía de consumidores

Cuando en la Francia de 1.840 el censo electoral estaba limitado tan sólo a quienes alcanzaban un cierto nivel económico, François Guizot, ministro del rey Luis Felipe de Orleans, exhortaba a las clases humildes a enriquecerse como medio para conquistar su derecho al voto ( ¡ Enriquecéos, con el trabajo y el ahorro¡ ). Asegurando el control político a los más adinerados, protegía el injusto orden social existente.

La monarquía de Juan Carlos de Borbón ha permitido a los españoles conquistar algunas libertades, pero no la democracia. Ni los electores tienen posibilidad de elegir libremente a quienes los representarán, ni cualquier ciudadano puede pretender ser representante, ni existe separación entre los poderes del Estado.

En la oligarquía de partidos muñida por la denominada Transición, los electores sólo pueden votar las listas preparadas por la jefatura de cada partido para la convocatoria correspondiente (Parlamentaria, Autonómica o Municipal), fabricando diputados o concejales sujetos al mandato imperativo de sus jefes. La vocación política de cualquier ciudadano tiene por único cauce el partido; afuera del partido, el vacío de la nada. El poder en las Cámaras, reflejo de las cuotas conseguidas por cada partido, y su efecto en el gobierno ejecutivo del siguiente cuatrienio, anula los principios democráticos de libre elección y de separación entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Similar procedimiento se extiende a la designación de las cúpulas del Judicial.

El Estado queda a merced de dos partidos preponderantes, que acaso vienen obligados a revalidar su dominio comerciando la cuota representativa de otras fuerzas menores, en el caso que decidan un eventual empate. Ese Estado tiene que ocultar su raquitismo democrático -al que se añade el estigma de una enorme abstención civil-, con una aparatosa tramoya mediática, pública y privada, la primera en manos del ejecutivo de turno y la otra aliada distintamente a los dos grandes partidos. La alternancia entre ellos en el poder es un recurso de apariencia democrática para la estabilidad del orden diseñado por la instancia superior del Poder económico, al que sirven con insuperable celo.

Alejado de la libertad política, y por tanto de la posibilidad de transformar la realidad económica, el ciudadano es libre sólo para consumir. Lo que le permita su capacidad de compra, claro.
(Unidad Cívica por la República, 5 de Diciembre de 2.006)

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