Reflexiones
Cuando el tiempo te trae los primeros avisos de ser perecedero y sientes más cerca la condición de mortal, aparece urgente el deseo de poner tus cosas en regla y preparar el inventario de experiencias y conocimientos de la forma más depurada posible. Quiero abrir, por tanto, un espacio de sinceridad en el ambiente de mentiras y falsedades que se ha instalado en nuestras vidas. Con palabras de Orwell, que han provocado recientemente por cierto, la detención de un ciudadano que las exhibía frente al Parlamento inglés;
…
Por comenzar con materia jocosa, compruebo en el presente, cuando todo vale por medrar, el paradigma de una clase social en ascenso, el macarra o merdellón -como se denomina en Andalucía-, que goza status preferente en muy diversos órdenes de nuestra existencia. En el caos actual de valores éticos y supremacía de los económicos, una epidemia invade calles y plazas rememorando el fantasma que, según manifestaba Marx, recorría Europa en Febrero de 1.848. Pero si entonces el modo de estar en las relaciones de produccion determinaba el modo de pensar ideologico, ahora son las relaciones de consumo las que lo establecen.
Generalmente, hoy se mueven a bordo de monovolúmen ó de un todo-terreno que jamás habrá atravesado el camino carretero hasta una finca, a lo sumo el vial de alguna urbanización de adosados a las afueras de la polis. Porque los sujetos de los que me ocupo suelen congregarse en recintos de ese formato urbano y celebran su vacación y fortuna alrededor de humeante barbacoa, tras el rito del chapoteo en la piscina, con el denominador común del griterío estridente de sus cachorros a quienes jalean orgullosos por la esplendidez del mondongo que rebosa la cintura de sus bermudas. Y es que no saben ser felices sin molestar a los demás.
El exceso cateto también se revela en el estadio o frente al televisor, con ocasión de encuentros deportivos en que participe el color de su club. Provistos del artefacto acústico correspondiente, harán sonar la bocina cuando a su equipo le vayan las cosas bien, manteniéndolo mudo mientras la suerte favorezca al adversario. El grado de fervor patriótico puede medirse por el tamaño y riqueza de matices de la bandera que porten o cuelgue en la baranda del balcón.
Otros enclaves ricos en esta especie suelen ser el centro comercial, la gran superficie y el moderno centro de ocio. A pesar de la concentración de ejemplares, en su ánimo prevalece el individualismo, o de la manera como lo explica Kant; el medio del que se sirve la naturaleza para conseguir el progreso del ser humano es que
La actitud de una gran parte de nuestros ciudadanos, embaucados en una especie de carrera generalizada tras un nivel de vida cada vez mayor, es la de "irresponsabilidad social". La filosofía de la sociedad es el consumo por el consumo y, bendecidas por el modelo neoliberal triunfante la competición y la insolidaridad entre los individuos, éstos quedan obligados a perseguir mayores ingresos para satisfacer necesidades artificiales que una industria de la provocación presenta como imprescindibles. Nuestro individuo consumidor pide combustible para la automoción, energía que acondicione su hogar, y agua para su piscina y el riego de jardín, sin plantearse los medios que tengan que ponerse en marcha. Su hipocresía ante conflictos bélicos originados por la voracidad petrolera es similar a su tímida preocupación por las consecuencias de la desecación de los acuíferos. Lo que he denominado "irresponsabilidad social" no le exime de complicidad en las medidas que adopte el sistema para conseguir complacerle.
Cuando el tiempo te trae los primeros avisos de ser perecedero y sientes más cerca la condición de mortal, aparece urgente el deseo de poner tus cosas en regla y preparar el inventario de experiencias y conocimientos de la forma más depurada posible. Quiero abrir, por tanto, un espacio de sinceridad en el ambiente de mentiras y falsedades que se ha instalado en nuestras vidas. Con palabras de Orwell, que han provocado recientemente por cierto, la detención de un ciudadano que las exhibía frente al Parlamento inglés;
En época de universal engaño, la verdad es revolucionariaSeamos pues revolucionarios.
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Por comenzar con materia jocosa, compruebo en el presente, cuando todo vale por medrar, el paradigma de una clase social en ascenso, el macarra o merdellón -como se denomina en Andalucía-, que goza status preferente en muy diversos órdenes de nuestra existencia. En el caos actual de valores éticos y supremacía de los económicos, una epidemia invade calles y plazas rememorando el fantasma que, según manifestaba Marx, recorría Europa en Febrero de 1.848. Pero si entonces el modo de estar en las relaciones de produccion determinaba el modo de pensar ideologico, ahora son las relaciones de consumo las que lo establecen.
Generalmente, hoy se mueven a bordo de monovolúmen ó de un todo-terreno que jamás habrá atravesado el camino carretero hasta una finca, a lo sumo el vial de alguna urbanización de adosados a las afueras de la polis. Porque los sujetos de los que me ocupo suelen congregarse en recintos de ese formato urbano y celebran su vacación y fortuna alrededor de humeante barbacoa, tras el rito del chapoteo en la piscina, con el denominador común del griterío estridente de sus cachorros a quienes jalean orgullosos por la esplendidez del mondongo que rebosa la cintura de sus bermudas. Y es que no saben ser felices sin molestar a los demás.
El exceso cateto también se revela en el estadio o frente al televisor, con ocasión de encuentros deportivos en que participe el color de su club. Provistos del artefacto acústico correspondiente, harán sonar la bocina cuando a su equipo le vayan las cosas bien, manteniéndolo mudo mientras la suerte favorezca al adversario. El grado de fervor patriótico puede medirse por el tamaño y riqueza de matices de la bandera que porten o cuelgue en la baranda del balcón.
Otros enclaves ricos en esta especie suelen ser el centro comercial, la gran superficie y el moderno centro de ocio. A pesar de la concentración de ejemplares, en su ánimo prevalece el individualismo, o de la manera como lo explica Kant; el medio del que se sirve la naturaleza para conseguir el progreso del ser humano es que
su inclinación a vivir en sociedad sea inseparable de una hostilidad que amenaza constantemente con disolver esa sociedad…impulsándole por medio de la ambición, del afán de dominio o de la codicia, a procurarse una posición entre sus congéneres, a los que no puede soportar, pero de los que no puede prescindir.Añadamos que Kant recomienda aprender a descubrir en la historia los pequeños indicios que nos indican si vamos o no por el buen camino.
La actitud de una gran parte de nuestros ciudadanos, embaucados en una especie de carrera generalizada tras un nivel de vida cada vez mayor, es la de "irresponsabilidad social". La filosofía de la sociedad es el consumo por el consumo y, bendecidas por el modelo neoliberal triunfante la competición y la insolidaridad entre los individuos, éstos quedan obligados a perseguir mayores ingresos para satisfacer necesidades artificiales que una industria de la provocación presenta como imprescindibles. Nuestro individuo consumidor pide combustible para la automoción, energía que acondicione su hogar, y agua para su piscina y el riego de jardín, sin plantearse los medios que tengan que ponerse en marcha. Su hipocresía ante conflictos bélicos originados por la voracidad petrolera es similar a su tímida preocupación por las consecuencias de la desecación de los acuíferos. Lo que he denominado "irresponsabilidad social" no le exime de complicidad en las medidas que adopte el sistema para conseguir complacerle.

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