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Monday, December 15, 2008

En camino al socialismo

El Capitalismo ha desarrollado fuerzas productivas gigantescas y también ha puesto en evidencia -dialécticamente- que es un obstáculo al desarrollo de la humanidad. Habiendo cumplido su misión histórica, ahora amenaza con destruir el medio ambiente del planeta, extiende la guerra hasta sus más recónditos rincones, condena a la miseria a miles de millones de seres humanos y, en su presente crisis económica, impone a gran parte de la población (incluso de los países más privilegiados) la precariedad económica y la incertidumbre respecto a su futuro.

Carlos Marx decía en el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (en 1.859), que ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. En el camino al futuro, la humanidad está en condiciones de hacer frente a los problemas actuales mediante el conjunto de avances científicos y tecnológicos que la inteligencia del hombre ha conquistado.

Combatir el deterioro climático exige una actitud diferente en la forma de producir y consumir que haga sostenible la actividad económica con los limitados recursos naturales de la Tierra, a fin de asegurarnos la supervivencia, por una sencilla cuestión moral de lealtad hacia la especie humana. Pero el Capitalismo sólo persigue el beneficio privado de una minoría que desprecia las consecuencias del desastre ecológico que ocasiona su propia dinámica al igual que ignora a las víctimas de sus guerras y hambrunas, y que cuando no percibe expectativas de ganancia expulsa al paro a la clase asalariada para someterla a sus dictados. Para sobrevivir, el Capitalismo está irremediablemente obligado a renovar su explotación tanto sobre la Naturaleza como sobre los hombres.

Marx comprendió que el Sistema Capitalista era esa estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia. El Capitalismo actual se presenta como Economía de libre mercado tutelada políticamente bajo la apariencia de la “democracia” parlamentaria que gobierna en gran parte del mundo desarrollado. A pesar de la falsedad democrática de la oligarquía de partidos que patrocina el sistema, teóricamente al menos, esa situación podría cambiar pacíficamente por decisión de la voluntad mayoritaria de la gente que dice sentir preocupación por el desastre ecológico y bélico, compasión por los parias de la Tierra, así como temor a ver restringidas sus condiciones materiales de existencia. Pero nunca una clase dominante entregó gratuitamente su poder y privilegios.

Decía Marx que el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia. El Capitalismo corrompe la conciencia de numerosa gente. A través de un conjunto de factores, económicos, políticos e ideológicos, el Capitalismo convierte a la persona social en "homo oeconomicus", una extraña especie que en un afán de acumular riqueza, por temor a la incertidumbre del futuro, mantiene una permanente competición con su prójimo en lucha individual por la existencia, para beneficio del Capital. El papel adoctrinador que jugó antiguamente la Iglesia con su religión, lo ocupa ahora la invasión de propaganda de esta aberrante forma de vida a través de los medios de comunicación.

En su resistencia natural a morir, el Capitalismo intentará mutar. Lo hizo al enfrentarse a la Gran Depresión que desató en 1.929, a la que consiguió dominar con la política del New Deal de Roossewelt, en una desesperada actuación para contener la crispación de la clase trabajadora. Ésto sucedía mientras la URSS ofrecía un contraste de las posibilidades de la Economía socialista planificada.

Pero ahora no se dan las condiciones de entonces ; ni los recursos naturales estaban tan explotados como ahora, ni la Composición orgánica del capital era tan grande. El Estado de bienestar keynesiano impulsado por el Estado fue posible en un planeta que no estaba todavía amenazado por la crisis medioambiental, acelerando el ritmo de una producción que contaba con enormes recursos naturales y que podía absorber gran cantidad de mano de obra. Hoy, la solución productivista entra en contradicción con el cuidado del medio ambiente y con la escasez de recursos naturales. Y la absorción de mano de obra es inviable a causa de la inmensa capacidad del moderno Capital. Si las obras públicas de entonces requirieron cientos de miles de trabajadores, la verdadera solución a aquella Depresión económica fue la II Guerra Mundial, que eliminó millones de trabajadores llevándolos a morir en los campos de batalla. La guerra ha sido siempre una solución capitalista.

En los momentos críticos, como el presente, la gente empieza a cuestionarlo todo y a tomar conciencia de su situación y de los intereses que la pueden llevar a unirse frente al Capital. Es el momento de explicarle que sólo la socialización democrática de los medios de producción y la planificación internacional de esos recursos pueden sacar a la humanidad del presente callejón sin salida.
(Kaosenlared, 15 de Diciembre de 2.008)

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